viernes, 31 de enero de 2014

Sé tú mismo la victoria!

Y MÁS NOTAS DEL LIBRO PARA REFLEXIONAR
"Todo el Año Contigo" (pág.54,55)

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La dualidad que habita en los modos de pensar de todas las personas, hace que algunas certezas se desvanezcan entre las palabras que se dicen y las que se omiten.
Acaso una de las actividades cotidianas que más practica el ser, es la del ping-pong de las ideas que no cesan de ir de un hemisferio al otro del cerebro. De repente cruza la red una impronta razonable y en el mismo puente de “Rolando” se saluda con una ocurrencia ideal.
Hechos todos de la misma materia prima, finalmente los humanos terminamos comprendiendo que la mente serena su ágil deporte cuando el corazón despliega sus efluvios magnéticos y todo comienza a tomar un solo carril: el del sentido común.
-¡Sí! Recupero mi sendero y avanzo hacia la victoria, hacia la conquista definitiva de mí. Hasta suena como una frase con sentido del humor.
-Siéntete bien pues no te equivocas. A lo largo de toda la existencia, cada desafío de la vida se plantea como un escenario de contienda entre el aspirante a una conquista y el territorio factible de asimilar.
Cada persona es una “Tierra” y sus propios pensamientos, sus palabras incluso sus actos; concluyen siendo su “Profeta” quien –no sin antes atravesar muchos obstáculos- alguna vez aprende a ser mensajero de su propio espacio.
Entre tanto, el debate entre el ser y el no saber quién se es; el de hacer pero con el constante temor a las sanciones; el de vivir entre la acción y la pereza; entre tanto, decía, aparecen las oportunidades.
El miedo al ridículo, a no alcanzar el resultado esperado, a la persistencia en las memorias del “incapaz” mezcladas con el repetido “no lo mereces”; terminan señalando el camino de la cobardía, de la ineptitud de movimiento en alguna próspera dirección derribando –al final de cuentas-sueños, expectativas,
proyectos de vida e incluso promoviendo la desviación definitiva del propósito que ha convocado a la persona en cuestión, para realizarlo en el planeta.
El “vehículo de luz” se encuentra activado y sólo puede llevar al pasajero a su meta. El triunfo es una garantía en esta etapa, siempre que -tal y como les comentaba un poco más arriba- se reconozca con absoluta honestidad que antes de alcanzar ese objetivo que cada quien se proponga, deberá dejar de lado sus miedos anticipados a fracasar.
Si acaso te encuentras a las puertas de un nuevo proyecto, de la realización de un antiguo sueño, de la conquista de tu auto-estima: --¡Vence!, ¡Derriba tus fantasmas aceptando que alguna vez los creaste y les diste un poder!,
¡Avanza!, ¡Confía!, ¡Vence la enfermedad que te aqueja, porque aún cuando no elimines el síntoma, al menos habrás comprendido el “por qué”!, ¡Levántate y anda!, ¡Haz lo mejor que puedas hacer hoy de tu vida, elevando tu consciencia
tal como si se tratara de la bandera ondeante en el mástil de los vencedores!
Con Amor,
Graciela Khristael 30 de enero de 2014

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